Reforma educativa o reforma cultural

Publicado en por ofdp-mexico

 

María Leonor Carrillo Concha

Conferencia impatida en Preparatoria no. 12 de la UdG

11 de junio del 2011

 

 

 

Partir del supuesto pedagógico de que el docente es el agente de transformación en el aula, necesariamente lleva implícito una naturaleza profesional dinámica y activa lo cual es ya de entrada armónica con el “método transdisciplinar [que], por ser complejo, necesita que el sujeto participe activamente, que piense articulando el todo con cada una de sus partes”. Somos de naturaleza compleja, tenemos capacidades complejas, ahora nos tenemos que dar a la tarea de pensar de manera compleja y de actuar en consecuencia. Las condiciones, si están dadas, demandan un reto para asumirlas.  Sólo queda una interrogante: ¿Estamos capacitados para enfrentar un reto de autogestión lógico, dialéctico, multidimensional y arborescente?

 

Los talleres oficiales de capacitación magisterial convocaron a los docentes desde hace dos años a sumarse al proyecto educativo que enfoca su línea en el desarrollo de competencias.

Todos hablamos de competencias, todos hablamos de Reforma.

A continuación, pongo a su consideración unas breves reflexiones a modo de pensamientos en voz alta, a propósito a un ángulo de abordaje que suele ser una constante en mi foco de atención: el impacto personal.

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Detrás de la cultura científica, tecnológica y humanística están  sus fines, medios e intenciones, todos ellos sustentados hoy día por los nuevos modos de producir conocimientos que permiten realizan un análisis vanguardista de las relaciones y responsabilidades sociales, del grado de involucramiento del ciudadano y de su indispensable necesidad de toma de decisiones pertinentes, eficaces y eficientes ante el mundo moderno inmerso en las economías del conocimiento para construir sociedades análogas que permitan que tanto la ciencia como la tecnología estén al servicio de la sociedad y ayuden a resolver las complejas y multifactoriales situaciones sociales en las que vivimos los ciudadanos del mundo.

Dado que la educación es un factor importante de cambio, el docente ha de actuar como agente clarificador y promotor de las áreas de oportunidad tanto personales como de sus alumnos que le permita a éstos afrontar los retos que enfrentamos en nuestro México actual promoviendo que se involucren críticamente en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos, cuidando que estén debidamente preparado para ello.

Para esto, y en el marco e inmersión en la Reforma Educativa, el profesor ha de promover en sus alumnos conocimiento, destreza, actitudes y valores tomando en cuenta las diversas forma de interacción en el aula, seleccionando una variedad de actividades que despierten interés y generen gusto por el saber y el saber hacer, que contribuyan al logro de los aprendizajes esperados en los alumnos y faciliten la convivencia armónica y democrática entre ellos. Todo esto es de esperarse que les deje en posibilidad de tener las capacidades necesarias para acceder al bienestar, felicidad y  libertad en el ejercicio de sus derechos.

 

Para el abordaje de los contenidos de enseñanza y la promoción de competencias bajo la óptica de la transdiciplinaridad hay que tomar como materia prima la agitación, la dispersión, la diversidad y la desorganización, elementos todos que le abonan a la  incertidumbre innata en el hombre, exacerbada por la realidad que hoy día impera en nuestras sociedades en las cuales la información que se genera en el ambiente es aleatoria.

Si a esto le sumamos la creatividad del sujeto, completamos los elementos necesarios y suficientes que forman parte del fenómeno complejo que considera que la organización del mundo se lleva a cabo mediante la dicotomía orden-desorden entre la fuerzas del mundo y las del sujeto produciendo un conjunto de emergencias inseparables que al entrar en interacción e interrelación, construyen y reconstruyen sistemas organizados.

Partiendo de lo anterior, el diseño de las actividades en el aula ha de partir necesariamente de la recuperación de los saberes previos y de la experiencia del alumno a propósito del objeto de estudio.

Consideramos para tal suerte a los saberes previos como todos aquellos conocimientos de carácter formal que el estudiante ha ido adquiriendo a lo largo de su trayectoria escolar a propósito del objeto de estudio (tema, situación, habilidad a abordar/desarrollar) y a la experiencia del alumno todo aquél contacto que el mismo ha tenido producto de la educación informal independientemente de su origen.

Esto ha de llevarse a cabo en la etapa de introducción del proceso de aprendizaje-enseñanza, ya que le permitirá al estudiante tener una percepción más completa de la realidad pues los abordajes que cada uno de sus compañeros se sumará al suyo y le dará un panorama más amplio. 

La labor del maestro en esta etapa será la de ir seleccionando aquellos elementos de los socializados que mejor convengan para que vaya emergiendo el conocimiento y comenzar así la construcción del conocimiento de acuerdo a la competencia que se haya contemplado previamente.

Lo anterior fomenta y promueve de una manera natural la convivencia, dejando claramente asentado el que en la construcción de las sociedades del conocimiento, todos los integrantes le aportan algo valioso al proceso y que tanto lo formal como lo informal es materia prima necesaria para su armónica consecución y dejará el testimonio vivo de que  la tarea educativa [que] ha estado confiada tradicionalmente a los educadores […] es una responsabilidad de la sociedad [en este caso la sociedad áulica] en su conjunto”.

El primer paso para poder construir bajo un método complejo y diseñar actividades inspiradas bajo esta visión, es tener un pensamiento complejo que no excluya el todo por tener en cuenta la parte, ni la parte por tener en cuenta el todo, que se enfrente al reto de construir “orden a partir del ruido”, algo de donde no había nada y se lance a la tarea de ir al encuentro entre “lo teórico y lo práctico; entre lo filosófico y lo científico”.  

Si partimos del supuesto pedagógico de que el docente es el agente de transformación en el aula, necesariamente lleva implícito una naturaleza profesional dinámica y activa lo cual es ya de entrada armónica con el “método transdisciplinar [que], por ser complejo, necesita que el sujeto participe activamente, que piense articulando el todo con cada una de sus partes”.

Somos de naturaleza compleja, tenemos capacidades complejas, ahora nos tenemos que dar a la tarea de pensar de manera compleja y de actuar en consecuencia. Las condiciones, si están dadas, nos permitirá asumir es el reto. 

Con lo anterior es de esperarse que el docente que no haya caído en un estado de “inanidad”[1], esté en un buen momento de enfrentar el reto educativo de la Reforma con visión de cambio y espíritu de acción e innovación.

Sólo queda una duda y va en el sentido de si el Sistema Educativo ha considerado si, por lo mismo de nuestra naturaleza compleja, el docente latinoamericano (mexicano en este caso específico) esté culturalmente capacitado para enfrentar un reto de autogestión lógica, dialéctica, multidimensional y arborescente cuando nuestra educación tradicional ha sido: acrítica, ilógica, lineal, unidimensional y refractaria.  Texto y contexto, Teoría y Realidad entran en conflicto.

Aquí cambia el panorama, esta Reforma no es tanto educativa cuanto cultural.

Yo le dejo mis palabras pero es usted, sí usted es quien tiene la última palabra.

Muchas gracias.

 

 

 



[1] Inanidad: fenómeno explicado por Edgar Morín y que alude al hecho de que entre más se cambia, más se regresa al mismo lugar debido a la cultura de pasividad y a la resistencia al cambio.

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