Hombre, ciencia y tecnología.
Marialeonor Carrillo C.
El pensamiento es la manera en que el hombre se relaciona con el mundo.
En un principio, en su afán de explicarse los fenómenos naturales lo hizo a través del pensamiento mítico y así se sintió más tranquilo.
Con el paso del tiempo, ante la búsqueda de respuestas básicas que dieran sentido a su vida, surge en el hombre el pensamiento metafísico, y ya encaminado en esa búsqueda de la verdad, más satisfactoria que tranquila, el hombre desarrolló sistemas de pensamiento cada vez más sofisticados que lo llevaron al pensamiento científico.
La ciencia es la manera de conocer y explicar lo que nos rodea, de una forma sistemática, ordenada y jerarquizada, siempre en evolución y perfeccionamiento.
Una de las preocupaciones que la ciencia atiende hoy en día con mayor interés es la satisfacción y mejora de las necesidades y aspiraciones humanas. Hasta la cosa más sencilla creada por el hombre con este fin, ha tenido que ver con la ciencia, pero sin el hombre, la ciencia quedaría sin su vínculo vital de acción.
HOMBRE Y CIENCIA, VÍNCULO INSEPARABLE PERO SIEMPRE LA SEGUNDA SIRVIENDO Y ACOMPAÑANDO A SU CREADOR.
La tecnología es la ciencia aplicada en la vida diaria y, afortunadamente, hoy en día ha perdido su carácter elitista de antes.
No podemos negar que la tecnología ha influido en elevar nuestra calidad de vida, ha colaborado en hacer el trabajo más productivo, ha ampliado nuestros horizontes, nos ha facilitado el alcance de nuestras metas; en pocas palabras, ha traído mejora a nuestras vidas.
Pero todas estas bondades que de ella reconocemos, dependerán del USO e INTENCIÓN que la acompañen y así, la ciencia es moralmente neutra, ni buena ni mala, sino subordinada a la acción y al efecto.
Y es a esta subordinación a la que yo quisiera hacer referencia: pareciera que a cambio del confort que hemos recibido por parte de la ciencia a través de la tecnología (en la satisfacción y mejora de nuestras necesidades y aspiraciones legítimas) hemos aceptado adormilar nuestro pensamiento, sacrificar nuestra tradición, olvidando que el hombre genera y aplica el conocimiento y no sólo lo recibe.
Nos hemos vuelto dependientes de nuestra propia creación e insuficientes para recrearnos a nosotros mismos.
Hemos detenido nuestra evolución y perfeccionamiento.
Hemos traicionado al espíritu de la ciencia.
Estamos sirviendo a nuestra creación en vez de seguir siendo su medio de acción y principal hacedor.
Devolvámosle a la ciencia su intención inicial. Demos a la tecnología su lugar de mediadora en la vida del hombre y no de su creadora.
Recordemos que la ciencia es humilde, que se reconoce servidora y acompañante de la humanidad en su búsqueda de la verdad.