Conocer, he ahí el secreto (2/3)

Publicado en por ofdp-mexico


Marialeonor Carrillo C.

(segunda parte de tres)

  

 

En el proceso de conocimiento mutuo se observan gran cantidad de “irregularidades” que saltan a la vista, unas más otras menos; todas ellas de la competencia, ya no del gusto o disgusto que una materia en sí pueda despertar, sino producto de las reacciones que se presentan al desenvolverse como persona y que solemos llamar comportamiento.

 

“Observar todo, disimular mucho y corregir poco”

 

Extraño parezca quizá el que se nos sugiera que, a pesar de estar siendo testigos de comportamientos “no deseados” los pasemos por alto y no nos detengamos a hacerlos explícitos.

 

Si tomamos en cuenta que cada individuo es un ser único e irrepetible, y que  lo que externa es producto de su forma personal, muy personal de expresión...

 

Si aceptamos la inevitable influencia del ambiente que no siempre aporta elementos equilibrados y estabilizadores, saturado de estímulos de toda naturaleza...

 

Si no negamos el elemento manipulación incluido, por bondad o por maldad (dejémoslo así) en los medios de comunicación masiva... y si aparte le sumamos que en la adolescencia existe una especial inestabilidad en el modo de externar los cambios que se van sufriendo constantemente y día a día, es ocioso detenernos a evidenciar todos los detalles producto de la suma de tantos y tan heterogéneos factores.

 

Caigamos en la cuenta que estamos siendo testigos de un proceso continuo de cambio que produce cosas agradables, desagradables, explicables e inexplicables. 

 

Si ya hemos ensayado en tener claro lo que viene del otro, ensayemos también el precisar qué de lo que presenciamos es realmente motivo de que nos detengamos más tiempo a corregir, qué puede ser remediado con una reconveniencia informal y qué tanto es mejor dejar pasar por alto pues sólo nos traerá dolor mutuo de estómago.

 

Es saludable pasar por alto “faltitas”, sobre todo si no tienen implicaciones sociales o morales.

 

Algunas sugerencias directrices para ubicarnos en el tiempo, espacio y salud mental nos serían de mucha utilidad:

Debe evitarse el castigar con aire de triunfo, como si se tratara de un arreglo de cuentas.  La educación no es un combate en el que hay vencedores y vencidos, sino una colaboración eficaz, puesto que está hecha con confianza y cariño. 


Los niños castigados con demasiada frecuencia terminan por soportar con alegría los castigos, como soportan cualquier otro momento desagradable de su existencia.

Reflexiona antes de pronunciar una amenaza.  Si amenazáis con frecuencia sin ejercitar las amenaza, llegarán a ser para los niños bromas sin importancia o un verdadero juego. (Courtois, 1 979)[i]

"Los sermones son como los chicles, los mastico perno no me los trago" fue la dura expresión que llegué a escuchar en boca de un muchacho de quince años, sometido a un constante, injusto e inconsistente sistema de corrección.  ¿Dirías que él es un cínico?



[i] Courtois, G. (1979).  El arte de educar a los niños de hoy.  Madrid: Sociedad de Educación Atenas.





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