Cómo han pasado los años…
Ma. Leonor Carrillo C.
040608
“Como han pasado los años, las vueltas que da la vida,
nuestro amor ha ido creciendo y con él nos fue envolviendo,
habrán pasado los años pero el tiempo no ha podido
hacer que pase lo nuestro”.
Hoy amanecí con esta canción en la mente y me metí a revisar los artículos que he escrito a propósito de acontecimientos citadinos.
Una vez que ha pasado un poco la revuelta emocional, me atrevo a afirmar que el acontecimiento que anda en boca de todos, habiendo salido de boca de uno, en realidad no es ni vergonzoso, ni bochornoso, ni insultante, ni ofensivo, ni humillante, ni todo lo que semánticamente aplique a la situación. Yo diría que es lógico, pura y llanamente lógico.
Regresando en el tiempo, hace algo menos de cinco años hubo una fiesta semejante a la que estamos viviendo hoy día a través de todos los medios de comunicación.
El día 16 de septiembre del 2003 salieron dos artículos con los siguientes títulos: VE EL GOBERNADOR CON SIMPATÍA MUESTRAS DE APOYO AL CARDENAL, y esta otra: EMPRESARIOS METEN LAS MANOS AL FUEGO POR EL CARDENAL.
Cuánta razón tenía Sábato al decir que “[…] todo tiempo pasado fue mejor no significa que antes ocurrieran cosas menos malas sino que, la gente, felizmente las hecha en el olvido”. Elemental principio de economía.
Este delicioso olvido colectivo es el que nos tiene de nuevo enfrascados en dimes y diretes desde hace algunos días.
Si fuésemos un poco menos emocionales y algo más ecuánimes en cuanto al procesamiento de la información, nos daríamos cuenta de que lo que estamos viviendo no es más que la lógica consecuencia de hechos sociales que se han venido sucediendo desde hace algunos años a la fecha.
Hemos visto con buenos ojos el que esta sociedad tan piadosa, se esté beneficiando de la estrecha y cordial relación entre el gobierno y el clero, y que tal romance vaya en aumento.
Perfecto por el romance, pero cuidado con sus efectos.
Haciendo a un lado las implicaciones políticas o legales que esto conlleve, lo verdaderamente preocupante es lo que el periodista Diego Petersen Farah señala hoy martes 29 en su columna En tres patadas: “Lo importante es que el pacto social quedó averiado.[…] Lo grave del episodio del día de las madres adelantado es la ruptura entre gobernante y gobernados, y que esto desafortunadamente ya no es un asunto de cuentas y de encuesta.
No se si haya lugar a que revisemos nuestra postura en materia de discriminación, pero de haberla, sería muy conveniente que comenzáramos a reflexionar en el impacto social que el lenguaje ejerce en la vida de un pueblo.
La discriminación es uno de los comportamientos sociales de etiología personal que desencadena, irremediable y tristemente, actos de violencia crasa.
No estamos obligados a caerle bien a todos ni a que todos nos caigan por igual pero sí a respetar las diferencias, sean estas del origen que sea.
En la misma línea, todo mundo estamos en nuestro derecho de sentir a plenitud lo que nos despierta tal o cual estímulo endógeno o exógeno, lo que si estamos obligados a vigilar es lo que hacemos con tales sentimientos y más aún, a tomar conciencia de la trascendencia que dichos actos puedan tener.
Una agravante al particular es el que dichos actos provengan de actores sociales a quienes la ciudadanía les ha conferido la atribución o noble tarea de representarnos, en el entendido de que su labor será la de que […] los jaliscienses (en particular, y los ciudadanos todos en general) vivamos mejor.
Sobrado está decirlo que la violencia urbana, antes que disminuir, ha ido dolorosamente en aumento.
¿Qué va con todas las promesas de una mejor vida para los jaliscienses? Honestamente estoy preocupada porque también se ha dicho, aludiendo a otras esferas del desarrollo social que: “vamos por más”.
Me preocupa, insisto, el que la gesta urbana que tuvo lugar como lógica respuesta a la ofensa que se vivió como comunidad toda, no vea la hora de derivar en bienestar ni paz social.
Diego indica que lo que sigue es la inteligencia política, que la pregunta en tal caso es quien la aportará.
Como lanza un reto a la inteligencia, y aunque la mía se contempla no muy política, me atrevo a responder que ser ciudadano hoy día es más que una condición civil, es la urgente necesidad de actuar como ente activo que incite al despertar de la conciencia individual. Y concibiéndome como tal, termino pidiendo para desaletargar a la conciencia: Cuidado con lo que decimos, cuidado a quien se lo decimos, cuidado en el cómo lo decimos.
Por favor. No más discriminación a nuestro diverso sentir y pensar con la autoridad, si no nos respetan nuestro derecho a la diferencia que emana del derecho universal a ser diferentes, me uno al reclamo de Diego: ¿qué fregados sigue?
Y lanzo uno nuevo, cantadito para que no incomode tanto:
Como han pasado los años,
las vueltas que da la vida, el poder ha ido creciendo
y sus alas extendiendo, habrán pasado los años
pero el tiempo no ha podido
hacer que pase lo de ellos..
Gracias y hasta la próxima.